Un disco de fotos

Disco de fotos

En medio del aburrimiento, abro mi closet en busca de algún DVD o VHS interesante (me faltan pasar muchos VHS a DVD, pienso). Abro el primer cajón, donde archivo una serie de discos con documentos, o mi versión de eso, y encuentro un DVD que dice Backup fotos 1, 2 y 3. Recuerdo inmediatamente la época en la que me obsesioné por tomar fotos. Me había comprado una Sony Cybershot y disparaba tanto que prácticamente podía armar secuencias animadas de muchos eventos y momentos x.

Saco el disco, lo llevo a mi sala y lo coloco en mi DVD player, que lee archivos jpg, y me echo en mi sofá rojo.

Encuentro una serie de carpetas con imágenes de hace años (y me pregunto por qué, en algún momento, dejé de archivar ordenadamente mis fotos). Hay una carpeta que se llama Carolí en casa. Carolí es una chica que me presentó mi amiga Sandra. Nos conocimos en una reunión -yo recién llegado del extranjero, cera en el pelo y ojos delineados de negro, previa moda emo en Lima- e inmediatamente le empecé a tomar muchísimas fotos. Esa noche caminamos, conversamos un poco, nos gustamos y finalmente nos despedimos sin intercambiar un teléfono o un correo electrónico. Al día siguiente -y luego de haber soñado con ella toditita la noche- suena el timbre de mi casa y al abrir la puerta me encuentro a Carolí con un papelito en la mano. Sandra me hizo un mapa, se ríe. Efectivamente, en un pedacito de papel cuadriculado Sandra había plasmado esmeradamente las coordenadas hacia mi departamento. Carolí y yo pasamos toda la mañana tomándonos fotos echados en mi cama. Tirado en el sofa rojo de mi sala paso atentamente las fotos donde Carolí y yo nos esmeramos por mostrar nuestras sonrisas más bonitas y me envuelvo en esa sensación tan paja de tú me gustas/yo te gusto que no necesita ninguna otra explicación.

Juego con el control remoto del DVD player y llego a una carpeta que se llama Vanenita. El ingenioso nombre proviene de la mezcla de Vanessa y hermanita. Hermanita. Vanenita. Nita. Una chica linda que conocí en plena adolescencia, ella 10 y yo 15. De chicos nos gustaba jugar con la idea que eramos hermanos. Me esfuerzo en recordar la razón de ese juego, de esa ilusión. No recuerdo nada. Tal vez las cosas más bonitas pasan porque sí, pienso. En las fotos aparecemos juntos en mi casa, a pocos días de habernos reencontrado luego de 10 años. Nos encontramos en un bar de moda. Estaba conversando con alguien cuando, de pronto, empecé a recibir una sistemática lluvia de vodka o ron o lo que sea que una chica linda a mi lado se encontraba tomando. Tú eres LC, cierto? me preguntó Vanessa, y tardé segundos en reacomodar el rostro infantil que mi USB mental archivaba en su carita post-adolescente de aquel momento de bar. Las fotos las tomamos minutos después de haber regresado del malecón, de conversar, de re-conocernos, de pasar por aquel extrañísimo ritual de en qué has estado en los últimos 10 años. Esa tarde, harta tal vez de la comprensible onda nostálgica, dijo una de las cosas más bonitas que alguna vez haya escuchado: ya dejemos de hablar de hace 10 años y pensemos todas las cosas que vamos a hacer en los próximos 10.

Hay una carpeta de fotos que se llama Bembos. Es una simple visita al Bembos que por alguna razón guardo con mucho cariño. En casi todas las fotos la estrella central es Natalia, la chica que me enseñó a plancharme el pelo y a usar crema Victoria Secret con sabor a vainilla. La chica con la que me quedaba horas de horas conversando por teléfono a pocos días de haberla conocido. La chica a la que, en algún momento, defraudé y nunca pedí apropiadas disculpas. Natalia está con el pelo lacio y come un helado en el Bembos pocos días después de la fiesta de Halloween, donde una plancha estiró su ondulada cabellera. No es la única carpeta de fotos en la que aparece, lo sé. Pero, por alguna razón, quiero recordarla con el pelo lacio, así que evito husmear en otros directorios de imágenes. Si tuviera la oportunidad de verla nuevamente, le prometería no burlarme nunca más de su afición al budismo y le pediría que me lea un cuento de su libro de Ray Bradbury.

En la carpeta Videos varios encuentro muchos retazos de realidad que había olvidado tenía registrados en video: Carolí aparece echada en mi cama cagándose de risa de una manera tan dulce que me da ganas de llamarla inmediatamente. Ya pues, apaga la cámara para seguirte contando, y el video se corta. Luego aparece Valery, una amiga de la universidad, quejándose amablemente porque la estoy filmando muy cerca. ¿Por qué tan cerca? pregunta. De pronto aparece una chica tratando de pararse de cabeza y me rio. Es una grabación que hice de Andrea, ahora mi mejor amiga, minutos después de conocerla. Se siente extraño ver en una pantalla ese momento. Es como revivir una primera impresión a través del lente de una cámara. Andrea sonrie y es exactamente tal como la recuerdo: de perfil, sonriendo, tratando de hacer una gracia para mi cámara. ¿Pudiste tomar fotos? pregunta luego de tres fallidos intentos por pararse de cabeza. No, no tomé fotos…le respondo, y el video se corta.

Me parece demasiado gracioso haber llevado una cámara de fotos en mi bolsillo durante tanto tiempo y ahora ya no hacerlo. Lo extraño. Corro hacia el teléfono. Llamo a Eduardo, proyeccionista de El Cinematógrafo, lugar donde trabajaba en esa época. Eduardo es un buen amigo con el que no he perdido contacto. Lo llamo al menos una vez a la semana. ¿Alo? ¿Eduardo? Oe ¿te acuerdas cuándo andaba todo el día tomando fotos? le pregunto conociendo la obvia respuesta. Necesito reirme de eso con alguien. Claro, cuando te vestías todo apretadito y te ponías gel en el pelo, me responde. Nos cagamos de risa. Le pregunto cómo está. Me dice que está a punto de jugar pelota con sus amigos. Le cuento que tengo un montón de fotos donde sale él, Pilar -la boletera de la chamba- y que he estado riéndome un buen rato viendo esa alucinante cantidad de imágenes en mi tele. Oe, cuando bajes por Barranco pásame una copia, pues, me dice. Le prometo una copia -que estoy seguro jamás entregaré debido a mi flojera- y chismeamos un ratito más.

Cuelgo el teléfono. Creo que lo que más extraño de esa época es que, de alguna manera, todo era más nuevo. Extraño, también, sonreír más.

11 Responses to “Un disco de fotos”

  1. André Says:

    Hola Lc se que estas ocupado con lo de la habitación pero, por favor, trata de postear más seguido . Gracias y un abrazo

  2. Mauricio R.M Says:

    L.C todo mundo hace eso con Discos con fotos, hace unos meses encontré uno mio, con fotos de mi ex (la que mas he querido) no leía ni la compu ni un dvd el disco, resulta que despues de 7 años casi, los discos pierden datos por als rayaduras, hoy no tengo ni un recuerdo de esa ex mia, en fin…Nunca se ven los dias felices en las fotos…

  3. YT Says:

    este blog es una copia de Renato Cisneros.

  4. bocadelcielo Says:

    Cantidad de cintas en VHS y fotos impresas que tengo para el recuerdo, espero algún día tener tiempo para revisar, clasificar ó botar todo.

  5. Kaoru Says:

    opino igual que andré, date un tiempo y poestea mas seguido….

  6. Ricar Says:

    Nostalgia al voltear al pasado y observar escenas que sabes que jamás, JAMÁS, volveran a pasar.

    Te pasaste con el post L.C.

  7. isabel Says:

    salen los sueños como una imagen,como un pelicula vieja y aunq existe el desgaste de la cinta los recuerdos siempre quedan.

  8. Reynaldo Says:

    Me gustó, no lo esperaba, cierto, la camara con la que te tomaron esa foto es una conpacta o reflex?

  9. Sick Says:

    camaras T_T , necesito una. Si las imagenes nos traen tantos recuerdos

  10. Mj Says:

    Me encanta.

  11. Karol Says:

    wowww realmente yo tambien tengo muchas carpetas con fotos, cada foto encierra un recuerdo.

    Realmente la primera vez que leo el blog pero esta chevere sigue asi LC :D!

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