Sofía e Isabel

Sofía ha abandonado nuestra habitación. Es decir, nuestra ex-habitación. No vivimos juntos hace más de un año y ha pasado aproximadamente la misma cantidad de tiempo desde que Isabel, nuestra hija, se lleva consigo una imagen intermitente, distante, casi anecdótica de quien viene a ser su padre.
Caminamos los tres de la mano -Isabel al medio- por las calles de Barranco, y no puedo evitar toparme con retazos de mi pasado distribuídos ordenádamente por todos aquellos recovecos y esquinitas que forman uno de los distritos más bonitos de esta ciudad, de la que, a veces, suelo renegar tanto.
Sofía está molesta conmigo, pero Isabel no lo nota. Ayer soñé que dormíamos juntos, y se sentía muy bonito, le digo, pero ella no escucha, o se hace la que no escucha o simplemente no quiere escuchar.
Yo, sin saber si estar molesto o contento por lo que le estoy contando -un sueño lindo, al final- insisto con el relato: Sí, Sofía, soñé que dormiamos juntos, que nos abrazábamos mucho, y que nuestra eterna pelea sin razón alguna se terminaba, continuo con mi historia cursi, pero Sofía no está presente ni quiere estarlo más.
Hace más de un año que no lo está. Lo recuerdo como si fuera ayer. Desperté una mañana al lado de Sofía y, en lugar de su eterna sonrisa y beso de buenos días con sabor a chocolate -que siempre comía antes de dormir-, encontré una mirada adusta, huraña, mal humorada. Parecía decirme que ya no me quería, que ya no me amaba o, peor aun, que nunca me había amado, pero no dijo nada. Nunca dijo nada.
El silencio y los espacios vacíos se vieron súbitamente interrumpidos por el llanto de Isabel, que probablemente tenía hambre. A veces, me gusta pensar que Isabel lloró precisamente en ese momento porque sintió lo que su madre sentía y notó cómo su padre reaccionaba. A veces fantaseo con la idea que Isabel sintió la necesidad de llorar por mí, pues yo nunca lloré por Sofía.
Cargo a Isabel para poder cruzar la avenida y Sofía me lanza una mirada dura, como reclamándome a su hija. No merezco este trato, pienso, sin embargo no está en mis planes herir a Sofía, a quien siempre traté como una reina. No creo, tampoco, que Isabel merezca ser testigo de la relación áspera de sus padres.
Quiero aprovechar el lindo día, que le ha regalado un poco de sol a Barranco, y anuncio que iremos a comprar helados. Sofía solo sonríe cuando ve a Isabel sonreir. Yo sonrio cuando veo a Sofía sonreir.
Ya en la tienda, cada uno escoge su sabor favorito. Yo, vainilla. Isabel -emocionada- lúcuma con trozos de galleta de chocolate, y Sofía, fresa. La pequeña Isabel se queda mirando un enorme aparato de televisión que ameniza la heladería con unos dibujos animados que no entiendo. Sofía me elimina de su mirada. Yo, sin saber que hacer, empiezo a saborear mi helado.
En eso, una amiga, conductora de un programa de televisión, nos ve desde la calle e ingresa a saludarnos. Es una chica bastante animada y de sonrisa generosa. Nos saluda efusívamente y, sin poder evitarlo, cae rendida ante la imagen angelical de Isabel, a quien engríe y hace toda serie de caricias. Sofía se anima y empieza a conversar con la conductora de TV. Es raro como se atreve a ser ella misma con todas las personas existentes en este planeta, menos conmigo.
No puedo evitar llenarme de nostalgia y extrañar los buenos días con Sofía, pero antes de poder ingresar con profundidad a esos pensamientos que quieren secuestrar mi cabeza, siento mi mano un poco helada, y es que la vainilla se está derritiendo encima del reloj que me acaba de regalar mi papá. Rio solo, como un loco. Mi amiga voltea y también se rie, pero Sofía no. Ella ya no quiere reirse de nada, bueno o malo, que pueda venir de mi persona. Mi amiga se pone de pie, nos felicita y se retira de la tienda, no sin antes recordarle a Sofía lo afortunada que es de estar conmigo. Obviamente, lo ignora todo.
Sofía se amarga, coge a Isabel y prepara su retirada. Le molesta mucho que la gente la siga asociando conmigo. Yo le pido que aún no se vaya, que quiero llevar a Isabel de paseo y comprarle unos juguetes, pero ella no quiere más nada.
Enfurezco un poco. No sé donde colocar toda esta rabia que me ahoga por momentos. Me gustaría que Sofía fuera la misma de antes al menos un segundo, sin esforzarse, sin pensarlo mucho, simplemente dejando salir a la persona buena que alguna vez conocí. Estoy bastante molesto y ya no quiero soportar el nivel actoral de Sofía.
Isabel no entiende nada. Sofía ni siquiera se ha dado el trabajo de limpiarle el rostro, que lo tiene embarrado de helado. Simplemente quiere irse, escaparse, huír de mi y de todas las cosas que le hacen acordar a mi persona. Jamás podrás huir de Isabel, pienso, en un momento de ira descontrolada, pero no se lo digo. Una vez más, no quiero herirla, e, Isabel, una niña tan preciosa, no tiene culpa en esto.
Despídete de tu papá, le pide Sofía a nuestra hija. Isabel, con una ternura infinita, acerca su carita hacia mi, me regala un enorme beso y me embarra parte del rostro con helado.
Sofía se despide de mí, se da la media vuelta y, de la mano de Isabel, abandona la heladería.
Como el final -triste- de cualquier película, me quedo sentado en la mesa de aquel frío establecimiento viendo como las dos chicas de mi vida se alejan, cada vez más, de mí. Al mismo tiempo, paso la lengua por mis mejillas para rescatar, aunque sea un poquito, las evidencias que Isabel dejó regadas por mi rostro, y disfruto, como no lo hacía hace mucho tiempo, de un delicioso beso con sabor a chocolate.

November 27th, 2007 at 6:17 pm
es que en verdad tienes una hija?
November 30th, 2007 at 6:52 am
que relato para mas tonto…
bahh, perdi 8 min y 46 seg
December 4th, 2007 at 5:09 am
xq mi elefante blanco?
December 4th, 2007 at 8:42 am
Realmente es una historia que se da a menudo en todo el mundo, lastimosamente uno quiere regresar al pasado y quedarse ahi pero las cosas avanzan y cambian sea de manera negativa o positiva. Lo que me da mas pena es ISABEL ya que ella quizas crezca con un RESENTIMIENTO hacia la madre por no dejarle estar con su padre y a su vez por el padre por no ser TAN VALIENTE por haberse quedado con ella.
Por eso digo siempre CARA VEMOS CORAZON NO SABEMOS en una relacion lo q vale es el amor real por eso hay que SABER CON QUIEN METERSE NO TODO ES COLOR DE ROSA pero cuando hay amor todo se logra SI ES AMOR DE DOS NO DE UNO. graciasss
December 4th, 2007 at 6:12 pm
Asu, en verdad tienes una hija?
December 6th, 2007 at 11:09 am
aburrido
December 9th, 2007 at 3:49 pm
Si dejamos de analizarla tanto,
Si dejamos de analizarla tanto,
Si dejamos de analizarla tanto,
Si dejamos de analizarla tanto,
Si dejamos de analizarla tanto,
Si dejamos de analizarla tanto,
Si dejamos de analizarla tanto,
resulta una historia cautivadora.
Hasta pena me has dado huevón.
Felicitaciones por este pasaje.
Sigue escribiendo!
December 10th, 2007 at 10:59 pm
para que los sentimientos de los que hablas lleguen a los lectores, tienes que pasar por encima de los lugares comunes y acercarte lo más posible a la experiencia intransferible de tu tristeza. nunca vas a llegar a ella en las palabras, pero tienes que acercarte lo más posible.
también puede que esto no sea autobiográfico para nada. si ese es el caso, no solo no pasa nada, sino que de ninguna manera podría.
December 16th, 2007 at 2:38 am
yo no pienso q los lugares comunes sean un impedimento. los temas son iguales siempre: el amor, el desamor, etc. en realidad esto parece ser mas q nada un diario, una confesion, no una sesuda columna literaria. no se si lo q leo es real o no. simplemente, me mimetizo con lo leido y difruto de la sencillez del relato.
December 23rd, 2007 at 11:36 am
Buena historia….
December 26th, 2007 at 7:32 pm
cautiva, aunque, pareciera formar parte de los recuerdos de muchas personas
January 3rd, 2008 at 4:57 pm
Muy buena historia. Gracias por compartir tus vivencias. Yo tuve perdido a un hijo durante 30 años. Felizmente lo recobramos, con sus hermanos hace tres y acaba de tener mi primera nieta en Francia. Cuando puedas disfruta de Isabel que pronto será grande.
fraterno
js
January 13th, 2008 at 7:40 pm
Me siento impotente.
Es egoísta no ponerse en el lugar del otro.
February 22nd, 2008 at 5:07 pm
soy admirador de la habitacion de henry spencer. Y luego de meses de seguir esa página recien hoy me ha entró la curiosidad por visitar este blog (el cual no tenia idea que era tuyo, LC) y realmente me ha gustado, felicitaciones.
Esta historia me ha parecido muy buena, muy cautivante. Sigue escribiendo y exitos.
April 17th, 2008 at 11:39 am
Que habras echo pues =/
June 23rd, 2008 at 4:28 pm
No sé si es real o no esta historia, pero me pregunto por qué tiene el protagonista que pasear con la madre de su hija, cuando se supone que debe disfrutar de los días que le corresponde con su hija a solas, sin la madre. Viendo las cosas en el infeliz contexto peruano, parece que al protagonista no le queda más remedio que chantarse a la bruja de su ex para poder ver a su hija. Típico caso de una madre hija de puta. Hay varios casos, muchísimos. Una lástima. Es realmente una pena. Según la ley la madre por el simplemente de ser madre tiene más derechos que el padre. Encima si ella le hace una demanda de alimentos la “jueza” va a disponer pensión para el hijo alimentista y para la “madre”. O sea que encima de aguantar su existencia, tiene que mantenerla. Si tienen la suerte de lograr suscribir un acuerdo extra judicial con el regimen de visitas, la madre siempre va a tratar de imponer una serie de clásulas extrañas, jodiendo los fines de semana para todos los involucrados. Y no queda allí, porque cualquier día le agarra la locura a la madre y simplemente no le da la gana de respetar el acuerdo extra judicial y otra vez se tiene que recurrir al poder judicial, que si no está en huelga, simplemente funciona mal. Son tan ineptos que se pueden pasar meses sin notificar, peloteándose los papeles por todos los distritos por cosas tan tontas como: no sabemos bien a qué distrito judicial pertenece su dirección.
Estoy cansada de la ineptitud de muchos peruanos. Pago mis impuestos, no le robo a nadie y el Estado en qué me retribuye? En nada. Acá todo es deficiente.
He vivido este tipo de problemas desde hace poco más de un año. Mi nueva pereja tiene un hermoso niño de dos años y el año pasado su ex mujer simplemente no le permitió ver a su hijo durante cinco meses solamente por celos. Porque yo existo. Y sigo existiendo a pesar de todas las veces que ella ha ido hasta nuestra casa para golpearnos e insultarnos. La fuimos a denunciar. Luego desestimaron mi denuncia porque yo no soy “familiar” y este es un caso de familia. Ella (la ex) sigue tranquila en su ignorancia y con su vida, mientras mi novio y yo tenemos que tomar a diario nuestra dosis de sertralina para no morirnos de pura impotencia. Estamos hartos de este país y simplemente no podemos ir a ningún otro lugar. Nunca vamos a dejar solo a ese niño.
September 19th, 2008 at 12:45 pm
Infinitamente tierna….