Pizza y cerveza en el aeropuerto

Aeropuerto

Esa mañana cuando desperté supe que todo se había terminado. Habías usado mi autoestima como trapeador y toda la ilusión que, juntos, habíamos edificado simplemente se derrumbó.

Me desperté en tu cama, solo. Nunca llegaste de la fiesta a la que te fuiste con tus amigos. Tus dos almohadas amanecieron empapadas por mi nerviosismo nocturno. No pude dormir ni mierda. Visité obsesivamente la cocina para tomar agua y luego el baño para drenarla.

Supe que tenía que irme. Me acepté como hombre derrotado. Llegaste de tu fiesta y, evitándome, como siempre, te cambiaste rápido para ir a trabajar. Te perseguí hasta la puerta de tu casa y luego, en medias -y en medio de la nieve-, hasta la puerta de tu carro. Me juré a mí mismo en ese momento que sería la última vez que te pediría para hablar. Oye ¿podemos hablar? ¿podemos arreglar las cosas? y tú, en inglés, hay que pretender que, por el momento, todo está bien, ¿ok? y cerraste la puerta de tu auto y te fuiste, y yo, triste, humillado y con mis medias mojadas por la nieve y la voz de mi mamá en mi cabeza diciéndome que me iba a resfriar. Y ahora la cagada porque solo tengo dinero exacto para llamar a la aerolinea a cambiar mi pasaje y tomar un taxi al aeropuerto, y ni un centavo más para conseguir una pastilla para el resfrío.

Entré a tu casa, dije me voy y empecé a llorar. Me sentí un policía buscando mis cosas hasta el último rincón de tu lugar, acordándome como los tombos del Perú dicen estamos peinando la zona. Sonreí. Me alegré un poco, pero no tanto. Fui a tomar agua. Tu abuela, que siempre se había opuesto a nuestra relación únicamente porque yo era peruano (gracioso, ella también era peruana, y su hija -tu madre- también lo era) estaba en la cocina. Todos los buenos modales que aprendí de mi abuela -esa que también es peruana y se enorgullece de su país y se pone a llorar cuando husmea entre mis vinilos de música criolla y los escucha, solita, a escondidas- se desvanecieron. Pensé en vengarme de la viejecilla que tanto me había jodido a mí, a tí, a nosotros. Quería mandarla a la mierda, amablemente, o no. Daba igual.

Me acerqué y, por primera vez, me sonrió. Hola Luis, estoy haciendo sopa ¿quieres un poquito? me dijo mientras yo me quedaba cojudo. Quiero hablar contigo ¿sabes? me he dado cuenta que eres un buen chico, quiero disculparme por haber molestado tanto todo este tiempo habló, dulcemente, la viejita.

Yo no podía creerlo, así que solo atiné a sonreír. Puse voz de buena gente y bromeando un poco le dije ay, señora, un poquito tarde, imagínese. Justo me estoy yendo y ella, sorprendida, ¿te vas? ¿a dónde te vas? y yo no importa, quiero agradecerle por haberme soportado este tiempito, ha sido muy amable.

Le dí un beso y un abrazo, como se lo hubiera dado a mi abuela, a quien extrañaba tanto en ese momento y, como en las películas, en el momento exacto, sonó el timbre de la casa. Era mi taxi. Eché una rápida mirada por alguna cosa que se me haya olvidado, cargué mi maleta y le dije a tu abuela nos vemos pronto y ella con cara de que no entiende nada y yo, con una rarísima sensación de alivio y molestia pensando vieja concha la de tu madre, me has jodido por meses y el día que me voy me aceptas como parte de tu familia.

El taxi llegó rápido al aeropuerto. No quise darle una última mirada a las calles que habíamos recorrido tanto durante ese verano. Me hubiera dolido sentirme el personaje de la película que va recordando, calle a calle, las cosas que hizo al lado de su chica.

Sentado en una pizzería del aeropuerto te mandé a la mierda. Pedí la pizza más grande y dos vasos enormes de cerveza. Te busqué por todos lados, pensando en que, tal vez, sólo tal vez, habías asumido que me había dado por vencido o que tu abuela te había llamado a decirte que me fui y habías corrido al aeropuerto a buscarme.

Nada de eso pasó. Me quedé solo en esa mesa, con una asquerosa y grasosísima caja de pizza vacía y dos vasos plásticos de chela donde lo único que quedaba era un poquito de espuma. Me paré, cargué mi maleta y me fui con ganas de tomar una cerveza sentado en mi casa.

7 Responses to “Pizza y cerveza en el aeropuerto”

  1. marte Says:

    Es lo mas tragicomico q he leído, pero aveces pasa Suerte te juro que te deseo suerte

  2. cahimbambu Says:

    Hola Lc… aunque talvez en estos momentos cualquier palabra te suene a un cassette enredado, espero que las cosas desde ese ultimo dia del cual hablas te traigan mejores alegrias…

  3. Ruido Pereira Says:

    Ahñi te mando el extracto de una conocida canción de -2 Minutos-

    “Otra noche más y hace frio acá
    la botella esta vacía y el bar ya cerró
    un poco cansado, un poco aburrido, un poco borracho
    con ganas de pelear…

    Otro día más y ya van como mil
    mi angel no me acompaña, no sé dónde andará…
    sé que está perdido por algún lugar
    y si lo encontrás mandálo para acá…”

    Bueno, no sé qué tiene que ver.. pero algo tiene que ver.

  4. Armando Says:

    Millones esperan , pero desahogate todo lo q tengas q desahogarte !!! suerte LC ..

  5. JOrge Castro Says:

    Fuerza compare!!!! Ánimos y buen humor!!!! aer si te alegras un poco con esto http://www.youtube.com/watch?v=CqXMvZvsIYk , es una perdida de time, pero weee Éxitos! =)

  6. Malú Says:

    EE. UU.?
    y por qué sucedió eso? la engañaste? le mentíste?

  7. elias j Says:

    mis comentarios han sido siempre egoistas, siempre hablando de mi. Y \\.. suerte con eso.

    no puedo… cuantas vecs he hecho lo mismo de llegar a la agencia y voltear para ver si por casualidad está ahi, q rogaria para q estuviera.

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