Por qué odio el fútbol, los autos y el ceviche

Uncategorized - 75 Comments » - Posted on May, 30 at 1:58 pm

Post Futbol

No eres un verdadero hombre, me han dicho, medio en broma y en serio, un grupete de personajes bien hombrecitos con los que me he cruzado, para bien o para mal, a lo largo del camino.

Y es que es cierto. Lo admito sin verguenza: si para ser un verdadero hombre es necesario ver fútbol o jugarse una pichanguita, o comerse un cevichito, hermanito, o admirar, con baba descendiente, el nuevo auto que Juancito se acaba de comprar, pues no, no soy un hombre de verdad, y no me arrepiento.

De niño, 6 o 7 años, me recuerdo tratando de descifrar ese inexplicable y horangutanesco evento que reunía a tíos, primos y amigos de la familia frente a la caja boba. Se llamaba fútbol, y hacía que unos 20 grandulones corrieran -todos, toditos- detrás de una pelota. No entendía nada, parecía un asunto cavernario, pre-histórico, absolutamente salvaje.

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Un pajarito se ha metido por mi ventana

Uncategorized - 18 Comments » - Posted on March, 27 at 12:40 pm

Pajarito

Suena el teléfono de mi casa a la medianoche, precisamente cuando A. y yo estamos a punto de dormir. A. me mira con cierto recelo, y, un poco en broma y en serio, me pregunta con voz celosilla ¿quién te llama a esta hora?

Yo no tengo nada que ocultarle, así que, molesto -no tanto por la llamada, sino por pensar que alguien me va a pedir algo a esta hora, porque nadie llama a la medianoche para desearte un lindo día- me levanto y me encamino hacia el bendito aparato, rogando que, al llegar, el impertinente haya colgado, aburrido de esperar que le contesten.

Reconozco en el teléfono el número de un buen amigo que vive cerca a mi casa. Le contesto. Apenas escucha mi ¿alo? se rie, con voz de pre-adolescente juguetón. Me dice no sabes lo que ha pasado, con un tonito autoburlón que me hace pensar que no es ninguna emergencia. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué me llamas a esta hora? es lo único que puedo maquinar como interrogante. Puta, un pajarito se ha metido por mi ventana, y luego silencio por unos segundos porque no entiendo nada. ¿Me llamas a la medianoche por un pajarito? Bótalo, no te va a hacer nada y él sí, pero no quiere salir, se está golpeando contra todas las paredes y no sé qué hacer, me anuncia mi compañero traumatizado a causa de un pajarito que no puede dormir, que no lo deja dormir a él y que ahora no me deja dormir a mí.

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Caminatas en la avenida

Uncategorized - 10 Comments » - Posted on March, 19 at 9:49 am

Osito

Tengo ganas de caminar. Pienso sería una buena idea pisar todas esas calles que transito diariamente trepado en una combi. Suena hasta cautivante. Decido dejar mi ipod en casa. He pasado casi todo el dia frente a la PC y extraño el sonido de la avenida y mis zapatillas arrastrándose en el cemento de la vereda.

Lo primero que noto, inevitablemente, es el sonido que emite la ciudad (y que casi siempre me pierdo por estar escuchando música). Empiezo a agarrarle fascinación a eso de meterme por algunos microsegundos en las conversaciones de las personas que pasan a mi lado. Anoto mentalmente algunas cosas que escucho con el único propósito de, más tarde, escribir sobre ellas, distorsionarlas, modificarlas, hacerlas mis historias.

Llego a la avenida con el propósito de encontrar algo para comer. Ni siquiera tengo hambre. A veces me gusta matar el tiempo comiendo. Siento que entro a un restaurante y todavía puedo sentarme solo, que me gusta husmear entre esa larga carta para escoger siempre, o casi siempre, el mismo plato; que disfruto pidiendo una Inca Kola que sé me engordará más; que me agrada tratar bien al mesero que la mayoría de mierdas de esta ciudad tratan hasta el culo; que me fascina tener un periódico o una revista en mano y leerla con atención mientras como y que puedo ser extremadamente feliz si encuentro una perfecta posición en la que pueda leer cómodo y comer al mismo tiempo sin botar comida fuera del plato.

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Pizza y cerveza en el aeropuerto

Uncategorized - 7 Comments » - Posted on March, 18 at 10:35 am

Aeropuerto

Esa mañana cuando desperté supe que todo se había terminado. Habías usado mi autoestima como trapeador y toda la ilusión que, juntos, habíamos edificado simplemente se derrumbó.

Me desperté en tu cama, solo. Nunca llegaste de la fiesta a la que te fuiste con tus amigos. Tus dos almohadas amanecieron empapadas por mi nerviosismo nocturno. No pude dormir ni mierda. Visité obsesivamente la cocina para tomar agua y luego el baño para drenarla.

Supe que tenía que irme. Me acepté como hombre derrotado. Llegaste de tu fiesta y, evitándome, como siempre, te cambiaste rápido para ir a trabajar. Te perseguí hasta la puerta de tu casa y luego, en medias -y en medio de la nieve-, hasta la puerta de tu carro. Me juré a mí mismo en ese momento que sería la última vez que te pediría para hablar. Oye ¿podemos hablar? ¿podemos arreglar las cosas? y tú, en inglés, hay que pretender que, por el momento, todo está bien, ¿ok? y cerraste la puerta de tu auto y te fuiste, y yo, triste, humillado y con mis medias mojadas por la nieve y la voz de mi mamá en mi cabeza diciéndome que me iba a resfriar. Y ahora la cagada porque solo tengo dinero exacto para llamar a la aerolinea a cambiar mi pasaje y tomar un taxi al aeropuerto, y ni un centavo más para conseguir una pastilla para el resfrío.

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Los gritos de Maggie

Uncategorized - 13 Comments » - Posted on March, 2 at 9:06 am

Los gritos de Maggie

Maggie se echa en la cama y me pide que la acompañe. Está a punto de resfriarse y se siente mal. Se coloca una pijama, no precisamente cómoda para este horrible verano limeño, y se mete debajo de las colchas. Entre discretos quejidos y mocos que chorrean se entrega al sueño. Yo no quiero dormir y me muero de calor. Le comento amablemente que prenderé el ventilador en la mínima potencia y lo colocaré de manera indirecta, para que no sea una molestia. Parece que no me escucha o le da igual.

Prendo el ventilador y lo dirijo hacia cualquier lugar, menos hacia la cama. Regreso a acompañarla pero la temperatura me sigue agobiando. Me echo. Trato de no pensar en lo incómodo que pasaré la noche y cierro los ojos con fuerza para quedarme al fin dormido. Maggie se pega hacia mi lado, me abraza y me hace sentir más calor.

Al ratito, se da cuenta que he prendido el ventilador y empieza a quejarse malhumoradamente. Apago el aparato -ahora un poco malhumorado yo-, regreso a la cama y cierro mis ojos con más fuerza. Le explico que, así como ella tiene frío, yo tengo mucho calor, y que me parece injusto que no pueda soportar la mínima potencia del ventilador -que dirige el aire hacia cualquier lado menos hacia el nuestro- cuando ella se ha colocado casi una pijama de invierno y está utilizando todas las colchas como escudo contra el frío (que no existe).

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Noches de bar

Uncategorized - 18 Comments » - Posted on February, 21 at 11:03 am

Noches de bar

Alicia llama por teléfono a su amigo Rafael -que está de paso por Lima- y lo invita a comer una ensalada con nosotros. Yo no muestro entusiasmo, pues me da flojera tener que socializar a esta hora de la noche. Rafael dice que está con su amiga Sandrita, y que en un momento se darán una vuelta por el restaurante pituco en el que estamos. Yo cruzo los dedos para que se demoren o para que no lleguen, mientras Alicia y yo tenemos que aguantar a un imbecil fumando puro en la mesa al lado.

A Sandrita le encantan tus entrevistas, me dice Ali como tratando de convencerme de que podremos pasar una velada entretenida. La pura verdad es que simplemente no tengo ganas de hablar con nadie. Solo quiero estar con Ali, y poder ser hiperactivo, sereno, conversador, callado o como me de la gana, sin que nadie me fuerze a entrar en una conversación que no me interesa.

Te puedo acompañar, pero me quedaré callado, sin hablar con nadie, solo observando, le digo y ella se molesta y me dice que si voy a ir con esa actitud es mejor que no vaya. Le digo que está bien y cuando estoy a punto de sentirme aliviado porque podré ir a tirarme a la cama me dice ya pues ¿vamos?

Hemos terminado nuestras ensaladas y Rafael no ha llegado. Alicia lo llama y su amigo le cuenta que está con Sandrita tomando un pisco sour en un bar que no soporto. Confío en que Alicia se molestará con él por plantón y así podré ir tranquilo a casa. ¿Vamos un ratito al bar? me dice. Yo no tengo ganas de conversar ni, mucho menos, de tomar. Es más, he estado tratando fervorosamente de dejar el alcohol (que en mi personalidad se traduce solo en cerveza) y estoy teniendo cierto éxito. No quiero ir a un bar de encamisados donde apenas anuncie que no, gracias, no me provoca tomar, alguien me diga con la clásica vocecita cojuda limeña ¿no vas a tomar? ay ¿por qué? tómate alguito, y yo tenga que pedir la botella de agua más cara del mundo.

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Carta a Yamil

Uncategorized - 7 Comments » - Posted on January, 19 at 7:43 am

I love u

Yamil. Son las 6:13 am. Me he despertado, en realidad, hace un par de horas. Me he sentado frente a este PC que debe estar harta que la joda todo el día. He pensando en tí. Te he extrañado. He sentido que un malentendido ha arruinado nuestra amistad y por eso quiero escribirte, porque se que si lo hago a tu correo personal o al correo del canal no me responderás. Por eso lo hago aqui, donde estoy seguro es más probable que lo leas.

Te mando muchos cariños en tu cumpleaños. Aun recuerdo cuando nos juntábamos y planeábamos formas de cambiar el mundo. ¿Lo leiste? Te envié ese mensaje de texto el día de tu santo, harto que no respondieras el teléfono y terco, como siempre, con muchas ganas de verte, de abrazarte y de que aguantes todas mis tonterías (y de comer chifa cerca al canal también).

Me han contado que te estás encargando de la producción del programa de viajes. Debes estar viajando un montón. A mi me encantaría -si es que te parece- acompañarte en una de tus travesías y hacer algunas notas para mi página. No creo que haya problema. En el canal me tienen cierta estima, y sería una buena excusa para conversar largo y seguido al menos durante el trayecto (porque ya en la locación te dejaría trabajar tranquila, y te filmaría con mucho cariño mientras asistes al conductor con apellido de rey de la selva, pero con fama de pirata).

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El discreto encanto de la soledad

Uncategorized - 28 Comments » - Posted on December, 17 at 10:33 pm

Solitary man

Tengo hambre y estoy un poco harto de la computadora. Salgo a la calle con dirección a mi chifa favorito, que, vaya fortuna, queda a solo unos pasos de mi casa. Entro al restaurante. Me saluda Eddie, el mesero. No tengo que hacerle ningún pedido pues hace más de dos años pido exactamente el mismo plato: Tipakay con wantán frito.

Eddie se acerca y me alcanza el vaso de chicha morada que viene incluido con el plato. Hasta ahora no entiendo porque insiste en traerme chicha si, hace rato, se ha dado cuenta que no la tomo. A mi me gusta tomar agua. Todo el día tomo agua. A donde voy me acompaña mi botella San Luis de dos litros y de esa manera nunca tengo sed.

Le pregunto a Eddie si han comprado El Comercio. El de ayer tenemos, responde, hoy hemos comprado El popular, y en cuestión de segundos tengo la revista Somos del día anterior y una edición fresquita del conocido diario chicha. Leo ambas publicaciones con igual atención. Siento que aprendo algo de ambas. En general, cada vez que leo algo -cualquier cosa- siento que aprendo algo nuevo, y eso es divertido.

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Azarosos momentos de felicidad

Amigos - 12 Comments » - Posted on December, 15 at 9:50 am

Crayola

I

Charlotte es dueña de una pequeña sala de cine. En realidad, sus padres son los propietarios y le han encargado la administración a Charlotte, a pesar que ella no quiere -ni puede- llevar sola todo el peso de la empresa familiar. Eso a mi no me importa. A Charlotte tampoco. Mi único interés está específicamente centrado en pasar momentos lindos con ella, con quien puedo jugar y sentirme niño nuevamente.

Charlotte está tirada en el piso de esta acogedora sala, defendiéndose de un ser malvado que trata, a como de lugar, de jalarle el calzón escondido debajo de aquellos holgados jeans.

Por momentos, Charlotte y yo somos como esos personajes de lucha libre, que, en el piso, se abrazan, se estrujan, miden sus fuerzas en tensos momentos de angustia por declararse, cada uno, ganador de la batalla. Charlotte me jala el pelo. Yo grito. En medio de mi alarido, aprovecha para hacerme cosquillas en la barriga. Yo la suelto lleno de carcajadas. Se coloca encima mío, cual amante a punto de dominar el acto sexual, y, entre cosquillas y forcejeos, logra introducir su mano en mi pantalón y me jala el canzoncillo hasta que realmente duele. Charlotte, ya para, porque duele, le digo, entre risas y llantos infantiles.

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Sofía e Isabel

Ciudad - 21 Comments » - Posted on November, 23 at 1:28 pm

Sofia e Isabel

Sofía ha abandonado nuestra habitación. Es decir, nuestra ex-habitación. No vivimos juntos hace más de un año y ha pasado aproximadamente la misma cantidad de tiempo desde que Isabel, nuestra hija, se lleva consigo una imagen intermitente, distante, casi anecdótica de quien viene a ser su padre.

Caminamos los tres de la mano -Isabel al medio- por las calles de Barranco, y no puedo evitar toparme con retazos de mi pasado distribuídos ordenádamente por todos aquellos recovecos y esquinitas que forman uno de los distritos más bonitos de esta ciudad, de la que, a veces, suelo renegar tanto.

Sofía está molesta conmigo, pero Isabel no lo nota. Ayer soñé que dormíamos juntos, y se sentía muy bonito, le digo, pero ella no escucha, o se hace la que no escucha o simplemente no quiere escuchar.

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