Los infantes que se aman

Estaba en el aeropuerto de Miami, esperando abordar el vuelo de regreso a Lima. Decidí sentarme en el piso, apoyado en mi mochila y mi maleta de mano. En eso, una bonita chica se agacha muy cerca a mi y empieza a buscar algo dentro de su equipaje, que, por una distracción mía, estaba siendo sutilmente presionado por mi brazo derecho. La miré. Me miró. Le sonreí. Me sonrió. Luego de algunos segundos, e inspirado en mi curiosidad
profesional, le pregunté por qué tenía un lapiz color amarillo en la mano. Sin esperar tremenda conchudez de mi parte, se tomó unos segundos para reaccionar amigablemente y me contó que lo usaba para amarrarse el pelo.
De pronto, me retira la mirada y dirige toda su atención hacia una linda bebé, de unos 3 años, que estaba frente a nosotros. Era una niñita rubia, de mejillas pálidas y ojos claros, hija de una amiga suya, también rubia, que estaba sentada a algunos asientos de distancia.
La infante era una maquina de hiperactividad: corría, reía, saltaba. Era como el perfecto antídoto para todos nosotros, aburridos miembros de una sala de embarque, desesperados por el momento en que uno de esos empleados de aerolinea nos anunciara, con su español masticado, que el vuelo estaba listo para salir.
Mientras distraía mis pensamientos con aquella bella criaturita que se había convertido en el centro de atención del lugar, escuchaba las verdaderas razones por la cual la chica a mi lado acariciaba un lápiz amarillo. Era dibujante en una conocida productora cinematográfica y, como era obvio, viajaba a todos lados con sus instrumentos de trabajo, o al menos eso parecía decirle a la mamá de la bebé que estaba causando una revolucion en el gate D43 del aeropuerto de Miami.
La chica le saca un libro para colorear a la niña y esta rapidamente comienza a rayar, ya no solo con lapiz color amarillo, una hoja en blanco que en pocos segundos se convierte en una perfecta obra de arte abstracto. Yo, hace rato ya, soy fan de la linda bebé-artista-hiperactiva, pues admiro su sonrisa, su alegría y, sobre todo, ese entusiasmo que uno solo puede experimentar en la infancia.
En eso, y como en cualquier película romántica, la niña deja a un lado todo cuando ve a otro bebé, de similar edad, pasando justamente al lado. Ella lo persigue con su mirada y, antes que el bebé se de cuenta, la niña lo está rodeando con sus brazos, y ahora el chiquito por fin ha encontrado el amor.
Es una imagen bellísima. La mala puntería de la niña hace que el bebé reciba, únicamente, lindos besos en los cachetes. Ella quiere besarlo en los labios, y aunque el bebé está simplemente inmovil, extasiado, porque acaba de descubrir algo maravilloso, la misma hiperactividad de la niña hace que aquellos cariños aterricen en cualquier area del rostro, menos en la boca.
Cuando aquella demostración de amor estaba a punto de convertirse casi en un acto sexual -inocente, tierno y absolutamente motivado por la niña, que es la que sabe amar- las respectivas madres deciden pararse de sus asientos y emprender la gran primera ruptura amorosa de aquellos infantes.
Las mamás se miran, se sonríen, sin nada que decir o, tal vez, sin saber a ciencia cierta que palabras utilizar para que aquella situación pase casi desapercibida.
Separan a los niños. La bonita chica que viaja con lápices de colores alrededor de todo el mundo le dice a la bebé que es una coqueta. La niña sonríe con cara de cómplice. Parece que va a crear otra obra maestra abstracta pero, rapidamente, escapa de las influencias artísticas presentes y, de nuevo, va en busca del bebé,
al que estruja, besa y babea de una manera preciosa. La chica a mi lado no aguanta más, saca su cámara digital y empieza a hacer fotos de la tierna escena amorosa. Yo quiero sacar, cuándo no, mi cámara de video y documentar semejante acto de cariño, pero me abstengo, pues no quiero incomodar a nadie.
Nuavamente, las mamás separan a los infantes. El chico se aleja, con el mismo rostro asombrado por los maravillosos descubrimientos, sin despegar su mirada de encima de la bella bebé, que ahora se está quejando, a varios metros de distancia, sobre aquella injusta y triste separación. La mamá calma a su bebita y le dice que el chico va a estar, al igual que ellos, dentro del avión. La niña increiblemente se tranquiliza, como si hubiese entendido a la perfección el mensaje de su madre, que le sugería que podría continuar con su aventurita amorosa durante las seis horas de duración del vuelo. Obviamente, la niña no entiende, como cualquier adulto, que es poco probable que se encuentre a bordo con su lindo bebé. En eso, me paro para ingresar al avión y pienso por qué, desde chicos, insisten en engañarnos acerca del amor.

November 9th, 2007 at 12:08 pm
ke tierna historia…
siempre insisten en engañarnos acerca del amor, y nosotros prestos a caer en el engaño!
November 9th, 2007 at 12:45 pm
pienso en las fotos de kim anderson
y en la noción tan básica y tierna q debió tener la nena de buscar a alguien de su tamaño
November 9th, 2007 at 4:49 pm
QUIERO VOLVER A SER NIÑA Y CREER QUE TE ENCONTRARÉ EN EL AVIÓN. ( LA ILUSIÓN ES PARTE INDISPENSABLE DEL AMOR)
November 11th, 2007 at 11:05 am
que tierna historia. La inocencia de esos años, q nostalgia…
November 18th, 2007 at 8:23 pm
estupendo, este tipo de relatos avivan la importancia de lo efímero
November 20th, 2007 at 3:24 am
La “bebé-artista-hiperactiva”, jaja, tenía que ser todo eso para poder expresar libremente -y casi sin darse cuenta- su amor por la vida y las cosas que la rodean. Ojalá todos pudiéramos ir regalando besos y abrazos a quien nos crucemos en la calle, ojalá todos pudiéramos crear una obra abstracta así por así, pero… ya no somos niños no? Ahi está la huevada, jajaja. Lindo relato LC. Congrats!
November 20th, 2007 at 8:31 am
Si, pues, ERre!, ojalá todos fueramos bebés en un aeropuerto.
un abrazo
LC
December 4th, 2007 at 9:24 am
Es verdad eso que dices: Cuando eres nino eres capaz de todo….eso es verdad pero lastimosamente cuando uno crece nuestros padres nos dicen muchas mentiras o nos descepcionan y a la larga A VECES SOLO A VECES nos podemos convertir como ellos.
VIVA EL AMOR!!!!
January 13th, 2008 at 8:54 pm
El amor no existe en el corazón sino en la mente, se puede dominar.
February 4th, 2008 at 6:45 pm
D+ciado tierna!!! que penita que desde pequeños nos hagan aterrizar a eza trizt realidad dl amor…xD
August 1st, 2008 at 6:19 pm
Sí, lo que sucede es que no nos engañan, nosotros mismos nos engañamos.
Probablemente la niña ingresó al avión y no lo encontró o tal vez sí y fue la persona más feliz del mundo durante seis horas.
Aún así, me gustaría que algún día Henry Spencer vea otra vez a la niña y le pregunte: “¿Volviste a ver al bebé?”, y que ella le reponda: “Sí, pero me desenamoré”.