Los gritos de Maggie

Los gritos de Maggie

Maggie se echa en la cama y me pide que la acompañe. Está a punto de resfriarse y se siente mal. Se coloca una pijama, no precisamente cómoda para este horrible verano limeño, y se mete debajo de las colchas. Entre discretos quejidos y mocos que chorrean se entrega al sueño. Yo no quiero dormir y me muero de calor. Le comento amablemente que prenderé el ventilador en la mínima potencia y lo colocaré de manera indirecta, para que no sea una molestia. Parece que no me escucha o le da igual.

Prendo el ventilador y lo dirijo hacia cualquier lugar, menos hacia la cama. Regreso a acompañarla pero la temperatura me sigue agobiando. Me echo. Trato de no pensar en lo incómodo que pasaré la noche y cierro los ojos con fuerza para quedarme al fin dormido. Maggie se pega hacia mi lado, me abraza y me hace sentir más calor.

Al ratito, se da cuenta que he prendido el ventilador y empieza a quejarse malhumoradamente. Apago el aparato -ahora un poco malhumorado yo-, regreso a la cama y cierro mis ojos con más fuerza. Le explico que, así como ella tiene frío, yo tengo mucho calor, y que me parece injusto que no pueda soportar la mínima potencia del ventilador -que dirige el aire hacia cualquier lado menos hacia el nuestro- cuando ella se ha colocado casi una pijama de invierno y está utilizando todas las colchas como escudo contra el frío (que no existe).

Maggie no responde. Luego de un rato me grita ¡no te das cuenta que me siento mal! y empieza a quejarse otra vez, ahora con mayor entusiasmo. Caigo en cuenta que de esa forma me será imposible dormir y sigo el llamado de la madre naturaleza que en mi bosque personal se llama internet.

Tomo prestada la laptop blanca de Maggie y me voy a la sala. Me echo en su mueble rojo, me acomodo, y prendo la maquina, que anuncia con un pitito que ya está cargando. ¿Qué? ¡Lárgate de mi casa! me grita Maggie desde su habitación. Yo, molesto ya, le respondo, sin gritar -porque la distancia entre la sala y su cuarto es de 5 metros- que por favor duerma y deje de joder.

Maggie salta de su cama, corre hacia la sala, se para frente a mí y me grita con su voz de mujer-al-borde-de-un-ataque-de-nervios ¡te he dicho que te laaaaaaaaaaaarges de mi casa! y cierra de un golpe su laptop.

Me paro inmediatamente sin decir una palabra. No soy de las personas que se ponen a gritar cuando alguien les grita. Yo simplemente cojo mis cosas y suelo largarme del lugar. (Mis cosas, en este caso, son mi camisa morada, mi pantalón negro y mis converse azules, que están organizadamente desparramadas por toda la casa de Maggie).

Me visto con premura decidido a largarme de los gritos y los malos tratos de Maggie. Se siente mal y está a punto de resfriarse, pero no es forma de tratar a nadie, pienso. Mientras grita cosas que no entiendo o no quiero entender, abro la puerta de su casa para retirarme de una vez por todas. ¡Maldito hijo de puta! me grita y me empuja contra la puerta y la chapa de la llave me raspa el brazo.

No sé que hacer. No quiero gritarle a Maggie, ni mucho menos agredirla. Ahora camino en medio de la calle y veo como, descalza, Maggie me sigue en medio de la pista y ruega que no me vaya.

Regreso a la puerta de su casa. Discutimos por una media hora. Le digo que la agresión física es el límite de mi tolerancia. Ella se desespera y se tira al piso a llorar. ¡Me siento mal, estoy enferma y me vas a dejar sola! grita Maggie haciendo las veces de noticiario de la cuadra. La levanto del piso, ingreso a su casa y le digo que me quedaré con ella, pero que no dormiré en su cama, sino en el mueble de la sala. Me quito la ropa. Ella empieza a gritar más, y, a la fuerza, trata de colocarme la ropa de nuevo, pues dice no aguantará dormir peleada y separada de mí.

Me cago de calor y Maggie me clava sus uñas por todos lados. Me abraza con fuerza y me pide, entre llantos, que duerma con ella en su cama. Me irrito anímica y fisicamente. Accedo ingresar a su cama, maldiciendo el momento en que decidí dormir con ella en lugar de dirigirme directamente a mi casa. Me echo. Me cago más de calor. Maggie me mira, tiembla y se va corriendo hacia el baño. Cuando está a punto de encerrarse, le digo que si no abre la puerta, romperé el pestillo.

Me deja entrar y la encuentro tirada en el piso llorando. Es gracioso como en mis mayores momentos de molestia, puedo guardar la calma. Recojo a Maggie del piso, y, ahora sí, a jalones -que vienen a ser más de reprimenda que de agresión- la dejo en su cama, apago la luz y dormimos.

Me despierto al día siguiente -en realidad 4 horas después- me visto y le digo a Maggie que iré a comprar vinilos. Ella, indignada, reclama que le parece injusto que la abandone. Le explico, y ella sabe, que la única hora en la que esos vinilos están disponibles es de 10 a 12, los sábados. Al mismo tiempo, siento que no tengo porque darle explicación alguna, luego de la experiencia de la madrugada.

Salgo de su casa, apresurado, y llego a la feria de vinilos en cuestión de minutos. Compro, obsesivamente, unas colecciones que Reader Digest -la revista Selecciones, versión gringa- lanzó para sus lectores hace decadas, y me siento algo afortunado.

Me llevo un cargamento de discos empacados en un par de bolsas negras. Salgo a la puerta. No pasan taxis. Me paro en medio de la calle y trato de detener, sin éxito, a la 73 un par de veces. El policía que cuida la feria se acerca, se para en la pista y para al verde bus con solo levantar un dedo. Suba, joven, me dice el oficial. Muchas gracias, jefe, le respondo mientras subo al bus.

Me siento mejor sentado en el bus que me pasea. Necesito que alguien me trate bien hoy.

Perutags: , , , , , , ,

13 Responses to “Los gritos de Maggie”

  1. jessica_jelos Says:

    …yo puedo tratarte bien..jeje.. bromix.. me guto tu relato….saludix.. 8)

  2. Satelliteoflove Says:

    esas escenas…q vividas…q recuerdos. ay, el masoquismo.
    me siento identificada con este post, mas q con otros q haya publicado…

    Bueno, a veces ciertos raptos de histeria no se suelen entender: a mi me pasa cuando siento que no soy amada o entendida. no digo q este bien q esta tia se ponga como loca. quizas hubiera sido chevere q le hagas un caldo de pollo o caldo de kion: tu no querrias lo mismo si estas enfermo? ay, el masoquismo.. aun lo recuerdo.

    yo tambien necesito que alguien me trate bien hoy.

  3. Kalu Says:

    ._. El amor es tan extraño … -_-’ y tan dificil de entender u_u … las mujeres somos una bomba de tiempo, que al menor toque … hacemos ¡BOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOM!

    n_n Espero que las cosas mejoren … y eso no se repita muy seguido *suspiro* … tiene un buen temperamento … eso es bueno.

  4. Rodrich Says:

    déjala brother, es una histerica, parece argentina. :-D
    o mejor que se vaya a ver El Amor (1ra. Parte) en el CAFAE

  5. Julio Cesar Says:

    hehe, mientras eso no te haga pensar en tu ex.. todo esta bien :)

  6. Armando Says:

    Yo pase lo mismo con una de mis ex’s , LC este es el primer post con el q m siento identificado ..

  7. JOrge Castro Says:

    bueno si ella tenia frío, es que tenía escalofrios, I think so! y hubiera sido chvre de tu parte que le hallas cuidado, no se…. colocandole trapitos en la frente, hacer que no se abrigue tanto porque eso acelera la fiebre, comprarle una Vitapirena, (Primeramente … sabes algo de medicina casera?????) me parece medio-atorrante de tu parte haber actuado así….. obvio q tu flaca tampoco debio comportarse así ps. Pero weno! amor serrano no???. Bai

  8. JOrge Castro Says:

    Olvide prguntar algo: La quieres?, si no es asi (que es lo que creo en realidad) dejala ir man, no juegues con los sentimientos de otras personas, puede terminar muy mal este tipo de relaciones ….. el comportamiento de tu flaca no es taaan normal q digamos :S , no esperes que suceda algo peor.

  9. maria eugenia Says:

    que fea loca!
    confieso que yo también he hecho eso, y es terrible

  10. Maggy Says:

    Mira que buen relato¡¡¡ me ha hecho detenerme en un autoanalisis profundo… aja¡ y para coronarla me llamo igual y grito igual…empiezo a pensar que soy aveces irritante…pero eso si…no le entro a los arañazos ¡¡¡… me encanto tu post, seguire leyendo…

  11. elias j Says:

    tienes razon en eso de cómo puedes mantener la calma. Cualkiera la manda a la mierda, seguramente la kieres mas de lo que te imaginas

  12. Anonymous Says:

    aunque las mujeres son raras hay que aprender a adaptarse y saber cuando hacer lo necesario y no dejarnos llevar x la reaccion

  13. Morgana Says:

    Que stress.

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