Una visita a mi abuelo

Posted by LC on October 19th, 2008 filed in Primera temporada, Uncategorized

Una visita a mi abuelo

Antes de ingresar al hogar de reposo, mi mamá me advierte que el abuelo está bastante desmejorado, que anda flaquito y que la vez pasada que mi hermano menor vino a verlo se sorprendió tanto que se fue en llanto. Yo simplemente asiento, la ayudo a cargar una bolsa de ropa limpia que ha traido para dejar en la habitación de mi abuelo y mientras caminamos hacia la puerta del hogar, mamá y yo conversamos de cualquier cosa, haciendo la finta que estamos bien o que estaremos bien o que nada de esto nos va a afectar, mucho.

Por fuera parece un hospital. Tiene una puerta de vidrio con una maquinita para introducir una clave, que mamá ingresa de memoria. La puerta se abre y todo el ambiente está decorado con motivos de Halloween, lo que me hace sonreír un poco.

El lugar está lleno de viejitos. Hay un pasadizo largo donde todos, o la mayoría, están tranquilamente sentados con miradas perdidas, inpersonales, como si esperasen, resignados, que pase el día.

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Por qué odio el fútbol, los autos y el ceviche

Posted by LC on May 30th, 2008 filed in Primera temporada, Uncategorized

Post Futbol

No eres un verdadero hombre, me han dicho, medio en broma y en serio, un grupete de personajes bien hombrecitos con los que me he cruzado, para bien o para mal, a lo largo del camino.

Y es que es cierto. Lo admito sin verguenza: si para ser un verdadero hombre es necesario ver fútbol o jugarse una pichanguita, o comerse un cevichito, hermanito, o admirar, con baba descendiente, el nuevo auto que Juancito se acaba de comprar, pues no, no soy un hombre de verdad, y no me arrepiento.

De niño, 6 o 7 años, me recuerdo tratando de descifrar ese inexplicable y horangutanesco evento que reunía a tíos, primos y amigos de la familia frente a la caja boba. Se llamaba fútbol, y hacía que unos 20 grandulones corrieran -todos, toditos- detrás de una pelota. No entendía nada, parecía un asunto cavernario, pre-histórico, absolutamente salvaje.

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Un pajarito se ha metido por mi ventana

Posted by LC on March 27th, 2008 filed in Primera temporada, Uncategorized

Pajarito

Suena el teléfono de mi casa a la medianoche, precisamente cuando A. y yo estamos a punto de dormir. A. me mira con cierto recelo, y, un poco en broma y en serio, me pregunta con voz celosilla ¿quién te llama a esta hora?

Yo no tengo nada que ocultarle, así que, molesto -no tanto por la llamada, sino por pensar que alguien me va a pedir algo a esta hora, porque nadie llama a la medianoche para desearte un lindo día- me levanto y me encamino hacia el bendito aparato, rogando que, al llegar, el impertinente haya colgado, aburrido de esperar que le contesten.

Reconozco en el teléfono el número de un buen amigo que vive cerca a mi casa. Le contesto. Apenas escucha mi ¿alo? se rie, con voz de pre-adolescente juguetón. Me dice no sabes lo que ha pasado, con un tonito autoburlón que me hace pensar que no es ninguna emergencia. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué me llamas a esta hora? es lo único que puedo maquinar como interrogante. Puta, un pajarito se ha metido por mi ventana, y luego silencio por unos segundos porque no entiendo nada. ¿Me llamas a la medianoche por un pajarito? Bótalo, no te va a hacer nada y él sí, pero no quiere salir, se está golpeando contra todas las paredes y no sé qué hacer, me anuncia mi compañero traumatizado a causa de un pajarito que no puede dormir, que no lo deja dormir a él y que ahora no me deja dormir a mí.

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Caminatas en la avenida

Posted by LC on March 19th, 2008 filed in Primera temporada, Uncategorized

Osito

Tengo ganas de caminar. Pienso sería una buena idea pisar todas esas calles que transito diariamente trepado en una combi. Suena hasta cautivante. Decido dejar mi ipod en casa. He pasado casi todo el dia frente a la PC y extraño el sonido de la avenida y mis zapatillas arrastrándose en el cemento de la vereda.

Lo primero que noto, inevitablemente, es el sonido que emite la ciudad (y que casi siempre me pierdo por estar escuchando música). Empiezo a agarrarle fascinación a eso de meterme por algunos microsegundos en las conversaciones de las personas que pasan a mi lado. Anoto mentalmente algunas cosas que escucho con el único propósito de, más tarde, escribir sobre ellas, distorsionarlas, modificarlas, hacerlas mis historias.

Llego a la avenida con el propósito de encontrar algo para comer. Ni siquiera tengo hambre. A veces me gusta matar el tiempo comiendo. Siento que entro a un restaurante y todavía puedo sentarme solo, que me gusta husmear entre esa larga carta para escoger siempre, o casi siempre, el mismo plato; que disfruto pidiendo una Inca Kola que sé me engordará más; que me agrada tratar bien al mesero que la mayoría de mierdas de esta ciudad tratan hasta el culo; que me fascina tener un periódico o una revista en mano y leerla con atención mientras como y que puedo ser extremadamente feliz si encuentro una perfecta posición en la que pueda leer cómodo y comer al mismo tiempo sin botar comida fuera del plato.

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Pizza y cerveza en el aeropuerto

Posted by LC on March 18th, 2008 filed in Primera temporada, Uncategorized

Aeropuerto

Esa mañana cuando desperté supe que todo se había terminado. Habías usado mi autoestima como trapeador y toda la ilusión que, juntos, habíamos edificado simplemente se derrumbó.

Me desperté en tu cama, solo. Nunca llegaste de la fiesta a la que te fuiste con tus amigos. Tus dos almohadas amanecieron empapadas por mi nerviosismo nocturno. No pude dormir ni mierda. Visité obsesivamente la cocina para tomar agua y luego el baño para drenarla.

Supe que tenía que irme. Me acepté como hombre derrotado. Llegaste de tu fiesta y, evitándome, como siempre, te cambiaste rápido para ir a trabajar. Te perseguí hasta la puerta de tu casa y luego, en medias -y en medio de la nieve-, hasta la puerta de tu carro. Me juré a mí mismo en ese momento que sería la última vez que te pediría para hablar. Oye ¿podemos hablar? ¿podemos arreglar las cosas? y tú, en inglés, hay que pretender que, por el momento, todo está bien, ¿ok? y cerraste la puerta de tu auto y te fuiste, y yo, triste, humillado y con mis medias mojadas por la nieve y la voz de mi mamá en mi cabeza diciéndome que me iba a resfriar. Y ahora la cagada porque solo tengo dinero exacto para llamar a la aerolinea a cambiar mi pasaje y tomar un taxi al aeropuerto, y ni un centavo más para conseguir una pastilla para el resfrío.

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Los gritos de Maggie

Posted by LC on March 2nd, 2008 filed in Primera temporada, Uncategorized

Los gritos de Maggie

Maggie se echa en la cama y me pide que la acompañe. Está a punto de resfriarse y se siente mal. Se coloca una pijama, no precisamente cómoda para este horrible verano limeño, y se mete debajo de las colchas. Entre discretos quejidos y mocos que chorrean se entrega al sueño. Yo no quiero dormir y me muero de calor. Le comento amablemente que prenderé el ventilador en la mínima potencia y lo colocaré de manera indirecta, para que no sea una molestia. Parece que no me escucha o le da igual.

Prendo el ventilador y lo dirijo hacia cualquier lugar, menos hacia la cama. Regreso a acompañarla pero la temperatura me sigue agobiando. Me echo. Trato de no pensar en lo incómodo que pasaré la noche y cierro los ojos con fuerza para quedarme al fin dormido. Maggie se pega hacia mi lado, me abraza y me hace sentir más calor.

Al ratito, se da cuenta que he prendido el ventilador y empieza a quejarse malhumoradamente. Apago el aparato -ahora un poco malhumorado yo-, regreso a la cama y cierro mis ojos con más fuerza. Le explico que, así como ella tiene frío, yo tengo mucho calor, y que me parece injusto que no pueda soportar la mínima potencia del ventilador -que dirige el aire hacia cualquier lado menos hacia el nuestro- cuando ella se ha colocado casi una pijama de invierno y está utilizando todas las colchas como escudo contra el frío (que no existe).

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Carta a Yamil

Posted by LC on January 19th, 2008 filed in Primera temporada, Uncategorized

I love u

Yamil. Son las 6:13 am. Me he despertado, en realidad, hace un par de horas. Me he sentado frente a este PC que debe estar harta que la joda todo el día. He pensando en tí. Te he extrañado. He sentido que un malentendido ha arruinado nuestra amistad y por eso quiero escribirte, porque se que si lo hago a tu correo personal o al correo del canal no me responderás. Por eso lo hago aqui, donde estoy seguro es más probable que lo leas.

Te mando muchos cariños en tu cumpleaños. Aun recuerdo cuando nos juntábamos y planeábamos formas de cambiar el mundo. ¿Lo leiste? Te envié ese mensaje de texto el día de tu santo, harto que no respondieras el teléfono y terco, como siempre, con muchas ganas de verte, de abrazarte y de que aguantes todas mis tonterías (y de comer chifa cerca al canal también).

Me han contado que te estás encargando de la producción del programa de viajes. Debes estar viajando un montón. A mi me encantaría -si es que te parece- acompañarte en una de tus travesías y hacer algunas notas para mi página. No creo que haya problema. En el canal me tienen cierta estima, y sería una buena excusa para conversar largo y seguido al menos durante el trayecto (porque ya en la locación te dejaría trabajar tranquila, y te filmaría con mucho cariño mientras asistes al conductor con apellido de rey de la selva, pero con fama de pirata).

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El discreto encanto de la soledad

Posted by LC on December 17th, 2007 filed in Primera temporada, Uncategorized

Solitary man

Tengo hambre y estoy un poco harto de la computadora. Salgo a la calle con dirección a mi chifa favorito, que, vaya fortuna, queda a solo unos pasos de mi casa. Entro al restaurante. Me saluda Eddie, el mesero. No tengo que hacerle ningún pedido pues hace más de dos años pido exactamente el mismo plato: Tipakay con wantán frito.

Eddie se acerca y me alcanza el vaso de chicha morada que viene incluido con el plato. Hasta ahora no entiendo porque insiste en traerme chicha si, hace rato, se ha dado cuenta que no la tomo. A mi me gusta tomar agua. Todo el día tomo agua. A donde voy me acompaña mi botella San Luis de dos litros y de esa manera nunca tengo sed.

Le pregunto a Eddie si han comprado El Comercio. El de ayer tenemos, responde, hoy hemos comprado El popular, y en cuestión de segundos tengo la revista Somos del día anterior y una edición fresquita del conocido diario chicha. Leo ambas publicaciones con igual atención. Siento que aprendo algo de ambas. En general, cada vez que leo algo -cualquier cosa- siento que aprendo algo nuevo, y eso es divertido.

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Azarosos momentos de felicidad

Posted by LC on December 15th, 2007 filed in Amigos, Primera temporada

Crayola

I

Charlotte es dueña de una pequeña sala de cine. En realidad, sus padres son los propietarios y le han encargado la administración a Charlotte, a pesar que ella no quiere -ni puede- llevar sola todo el peso de la empresa familiar. Eso a mi no me importa. A Charlotte tampoco. Mi único interés está específicamente centrado en pasar momentos lindos con ella, con quien puedo jugar y sentirme niño nuevamente.

Charlotte está tirada en el piso de esta acogedora sala, defendiéndose de un ser malvado que trata, a como de lugar, de jalarle el calzón escondido debajo de aquellos holgados jeans.

Por momentos, Charlotte y yo somos como esos personajes de lucha libre, que, en el piso, se abrazan, se estrujan, miden sus fuerzas en tensos momentos de angustia por declararse, cada uno, ganador de la batalla. Charlotte me jala el pelo. Yo grito. En medio de mi alarido, aprovecha para hacerme cosquillas en la barriga. Yo la suelto lleno de carcajadas. Se coloca encima mío, cual amante a punto de dominar el acto sexual, y, entre cosquillas y forcejeos, logra introducir su mano en mi pantalón y me jala el canzoncillo hasta que realmente duele. Charlotte, ya para, porque duele, le digo, entre risas y llantos infantiles.

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Doménica y el parque

Posted by LC on November 17th, 2007 filed in Ciudad, Primera temporada

Parque1

Me gusta tu nombre, le digo a Doménica. Gracias, me devuelve una sonrisa tierna, y no puedo dejar de sonreirle a esta niña tan bella de nombre tan bonito. Doménica me ha llevado a uno de sus parques favoritos y nos hemos echado, panza arriba, en un sector del pasto que parece haber sido extraído del parque de los Telettubies.

Hace semanas no me sentía tan cómodo, le digo, mientras me estiro encima de la grama humeda y miro, atento, al cielo. Doménica, mira las nubes, no se mueven, le digo asombrado, y ella sí se mueven, dame la mano, quédate mirando un rato y concéntrate. Entonces yo, acatando sin dubitar las órdenes de Doménica, me relajo, y poso mi mirada atenta sobre las nubes.

La escena no podría ser más linda. Alucino un momento, pues quedarme pegado a las nubes me relaja de un modo casi alucinatorio, y me veo a mi y a Doménica desde arriba, desde lo alto de un helicóptero, y parece Eternal sunshine of the spotless mind, pero en lugar de nieve nos rodea verde, mucho pasto verde y plantitas de todos los colores y sabores.

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