Buenos días, buena suerte

Posted by LC on November 26th, 2008 filed in Primera temporada, Uncategorized

Osito

I.
Salgo de casa apurado por la mañana. Para variar, voy a llegar tarde a una entrevista. Mientras corro las tres cuadras que separan mi casa de la avenida pienso en alguna buena excusa. Disculpa, se me hizo tarde, es la primera. Demasiado cojuda, pienso. ¿Qué carajo significa se me hizo tarde? Nada. Significa sorry, me quedé hueveando. Super antiprofesional. Y yo debo dar la imagen que soy un profesional, pienso, mientras me rio de mí mismo y reniego porque me acabo de bañar y ya estoy sudando por salir tarde y tener que correr hacia la avenida. Discúlpame, me perdí. Hace tiempo no venía por aca, se me ocurre decirle al actor al que tanto he jodido por una entrevista y ahora hago esperar. No, pues. Él sabe que amo Barranco y va a sonar recontra fake si le digo me perdí. Mal. En eso, ya pensando en profesionalismo, recuerdo que, las no pocas veces que me han entrevistado a mí, los periodistas -haciendo gala de la profesión- han llegado siempre tarde, re-tarde. Mil disculpas, nos demoramos en otra comisión, se excusan siempre. Y ahora sé que lo que tengo que decir es discúlpame, Javier, se me hizo tarde en otra entrevista y asunto arreglado.

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Por qué no te voy a gustar

Posted by LC on November 4th, 2008 filed in Primera temporada, Uncategorized

Por que no te voy a gustar

Porque soy un haragán del carajo. Porque soy incapaz de lavar un plato. Porque no muevo un dedo para averiguar por qué la señora que limpia mi casa todas las semanas -y que lava todos los platos que yo no lavo- no ha venido hoy. Porque soy demasiado flojo como para ir al supermercado una vez por semana. Porque toda mi casa está llena de medias y calzoncillos sucios que nunca llegan al bote de basura (excepto cuando viene la señora a limpiar). Porque soy incapaz o flojo para eliminar a las hormigas que recorren mi cocina. Porque siempre boto pequeñas miguitas cuando como en tu casa y, luego, soy demasiado flojo para eliminar a las hormigas que vienen por mi culpa. Porque te da verguenza que no sepa explicar bien mi trabajo (que hago una entrevista diaria y luego me echo a mi cama a chatear lo que resta del día y que, sí, me pagan por eso). Porque aprovecho mi programa de blogovisión para coquetear con todas las actrices que quiero conocer o quise conocer desde mi adolescencia. Porque todo el día me pongo cremas y sprays marca Victoria Secret con sabor a goma de mascar y eso no es de hombres. Porque todo el día me transporto en combis porque no me gusta tomar taxis. Porque cuando tomo taxis siempre pido Taxi Seguro y cuando llegan a la puerta de tu casa mi paranoia me obliga a preguntar a nombre de quién está el taxi para que el chofer diga mi nombre y así asegurarme que el taxi sea verdaderamente seguro. Porque jamás te regalé un tornamesa y gasté ese dinero en comprarme más vinilos. Porque paro demasiado pendiente de la actualidad política nacional. Porque te aburres cuando veo noticias. Porque cuando cambias canales en tu televisor a veces te obligo que pongas el canal de noticias. Porque escribí una crónica sobre un desastroso bar y ni siquiera cambié el nombre a tus amigos yuppies. Porque soy adicto a la internet y me parece bien. Porque cuando me da flojera no hablo con nadie. Porque cuando estoy entusiasmado hablo demasiado. Porque, según tú, todo el día coqueteo con mis “amigas” por messenger. Porque a veces trato mal a la gente que me cae mal. Porque a veces no me baño todos los días. Porque jamás usaré una de esas colonias de hombre. Porque no sé o no me gusta o me da flojera ir a cenar a uno de esos restaurantes bonitos. Continua leyendo esta historia »

Una botella de Peptobismol para Margarita

Posted by LC on October 30th, 2008 filed in Primera temporada, Uncategorized

Peptobismol

Melissa me prohibe hacerlo. Me dice que es huachafo, tonto -hasta insultante- regalarle una botella de Peptobismol a la chica que quiero enamorar. A mí me parece dulce, le digo por teléfono y ella se burla a carcajadas y yo me siento más tonto.

Entrevisto a Margarita hace algunas semanas, luego de mucha insistencia. La he llamado mil veces y nunca hemos quedado en nada, siempre está ocupada o su asistente me informa que se encuentra en una reunión. Un día camino por la Av. Larco y decido buscarla. Parado en la puerta de su oficina, la llamo y le digo estoy abajo. Hagamos la entrevista de una vez, yo te espero y ella accede. Me quedo leyendo un libro que me acabo de comprar -edición pirata- hasta la página 47 por 35 minutos.

Estoy condenado a conseguir una maldita botella de Peptobismol. Salgo de casa y decido recorrer las farmacias que se agrupan en el centro comercial de mi barrio. Nadie vende el producto rosado. Todos me ofrecen Bismutol, que es igualito, jóven, hasta mejor, me aseguran las tiernas empleadas de los establecimientos que recorro. Si no hay Peptobismol en todas estas farmacias, es probable que no exista el producto en Lima, pienso, y lamento no poder regalarle una botella de Peptobismol a la chica que me gusta y no, pues, no es la voz enviarle al trabajo una botella de Bismutol con una notita debajo que diga: “Sorry, no venden Peptobismol en Lima”. Es cojudo, es idiota, rompe todo el romanticismo de recibir el producto original como obsequio.

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Una visita a mi abuelo

Posted by LC on October 19th, 2008 filed in Primera temporada, Uncategorized

Una visita a mi abuelo

Antes de ingresar al hogar de reposo, mi mamá me advierte que el abuelo está bastante desmejorado, que anda flaquito y que la vez pasada que mi hermano menor vino a verlo se sorprendió tanto que se fue en llanto. Yo simplemente asiento, la ayudo a cargar una bolsa de ropa limpia que ha traido para dejar en la habitación de mi abuelo y mientras caminamos hacia la puerta del hogar, mamá y yo conversamos de cualquier cosa, haciendo la finta que estamos bien o que estaremos bien o que nada de esto nos va a afectar, mucho.

Por fuera parece un hospital. Tiene una puerta de vidrio con una maquinita para introducir una clave, que mamá ingresa de memoria. La puerta se abre y todo el ambiente está decorado con motivos de Halloween, lo que me hace sonreír un poco.

El lugar está lleno de viejitos. Hay un pasadizo largo donde todos, o la mayoría, están tranquilamente sentados con miradas perdidas, inpersonales, como si esperasen, resignados, que pase el día.

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Por qué odio el fútbol, los autos y el ceviche

Posted by LC on May 30th, 2008 filed in Primera temporada, Uncategorized

Post Futbol

No eres un verdadero hombre, me han dicho, medio en broma y en serio, un grupete de personajes bien hombrecitos con los que me he cruzado, para bien o para mal, a lo largo del camino.

Y es que es cierto. Lo admito sin verguenza: si para ser un verdadero hombre es necesario ver fútbol o jugarse una pichanguita, o comerse un cevichito, hermanito, o admirar, con baba descendiente, el nuevo auto que Juancito se acaba de comprar, pues no, no soy un hombre de verdad, y no me arrepiento.

De niño, 6 o 7 años, me recuerdo tratando de descifrar ese inexplicable y horangutanesco evento que reunía a tíos, primos y amigos de la familia frente a la caja boba. Se llamaba fútbol, y hacía que unos 20 grandulones corrieran -todos, toditos- detrás de una pelota. No entendía nada, parecía un asunto cavernario, pre-histórico, absolutamente salvaje.

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Un pajarito se ha metido por mi ventana

Posted by LC on March 27th, 2008 filed in Primera temporada, Uncategorized

Pajarito

Suena el teléfono de mi casa a la medianoche, precisamente cuando A. y yo estamos a punto de dormir. A. me mira con cierto recelo, y, un poco en broma y en serio, me pregunta con voz celosilla ¿quién te llama a esta hora?

Yo no tengo nada que ocultarle, así que, molesto -no tanto por la llamada, sino por pensar que alguien me va a pedir algo a esta hora, porque nadie llama a la medianoche para desearte un lindo día- me levanto y me encamino hacia el bendito aparato, rogando que, al llegar, el impertinente haya colgado, aburrido de esperar que le contesten.

Reconozco en el teléfono el número de un buen amigo que vive cerca a mi casa. Le contesto. Apenas escucha mi ¿alo? se rie, con voz de pre-adolescente juguetón. Me dice no sabes lo que ha pasado, con un tonito autoburlón que me hace pensar que no es ninguna emergencia. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué me llamas a esta hora? es lo único que puedo maquinar como interrogante. Puta, un pajarito se ha metido por mi ventana, y luego silencio por unos segundos porque no entiendo nada. ¿Me llamas a la medianoche por un pajarito? Bótalo, no te va a hacer nada y él sí, pero no quiere salir, se está golpeando contra todas las paredes y no sé qué hacer, me anuncia mi compañero traumatizado a causa de un pajarito que no puede dormir, que no lo deja dormir a él y que ahora no me deja dormir a mí.

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Caminatas en la avenida

Posted by LC on March 19th, 2008 filed in Primera temporada, Uncategorized

Osito

Tengo ganas de caminar. Pienso sería una buena idea pisar todas esas calles que transito diariamente trepado en una combi. Suena hasta cautivante. Decido dejar mi ipod en casa. He pasado casi todo el dia frente a la PC y extraño el sonido de la avenida y mis zapatillas arrastrándose en el cemento de la vereda.

Lo primero que noto, inevitablemente, es el sonido que emite la ciudad (y que casi siempre me pierdo por estar escuchando música). Empiezo a agarrarle fascinación a eso de meterme por algunos microsegundos en las conversaciones de las personas que pasan a mi lado. Anoto mentalmente algunas cosas que escucho con el único propósito de, más tarde, escribir sobre ellas, distorsionarlas, modificarlas, hacerlas mis historias.

Llego a la avenida con el propósito de encontrar algo para comer. Ni siquiera tengo hambre. A veces me gusta matar el tiempo comiendo. Siento que entro a un restaurante y todavía puedo sentarme solo, que me gusta husmear entre esa larga carta para escoger siempre, o casi siempre, el mismo plato; que disfruto pidiendo una Inca Kola que sé me engordará más; que me agrada tratar bien al mesero que la mayoría de mierdas de esta ciudad tratan hasta el culo; que me fascina tener un periódico o una revista en mano y leerla con atención mientras como y que puedo ser extremadamente feliz si encuentro una perfecta posición en la que pueda leer cómodo y comer al mismo tiempo sin botar comida fuera del plato.

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Pizza y cerveza en el aeropuerto

Posted by LC on March 18th, 2008 filed in Primera temporada, Uncategorized

Aeropuerto

Esa mañana cuando desperté supe que todo se había terminado. Habías usado mi autoestima como trapeador y toda la ilusión que, juntos, habíamos edificado simplemente se derrumbó.

Me desperté en tu cama, solo. Nunca llegaste de la fiesta a la que te fuiste con tus amigos. Tus dos almohadas amanecieron empapadas por mi nerviosismo nocturno. No pude dormir ni mierda. Visité obsesivamente la cocina para tomar agua y luego el baño para drenarla.

Supe que tenía que irme. Me acepté como hombre derrotado. Llegaste de tu fiesta y, evitándome, como siempre, te cambiaste rápido para ir a trabajar. Te perseguí hasta la puerta de tu casa y luego, en medias -y en medio de la nieve-, hasta la puerta de tu carro. Me juré a mí mismo en ese momento que sería la última vez que te pediría para hablar. Oye ¿podemos hablar? ¿podemos arreglar las cosas? y tú, en inglés, hay que pretender que, por el momento, todo está bien, ¿ok? y cerraste la puerta de tu auto y te fuiste, y yo, triste, humillado y con mis medias mojadas por la nieve y la voz de mi mamá en mi cabeza diciéndome que me iba a resfriar. Y ahora la cagada porque solo tengo dinero exacto para llamar a la aerolinea a cambiar mi pasaje y tomar un taxi al aeropuerto, y ni un centavo más para conseguir una pastilla para el resfrío.

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Los gritos de Maggie

Posted by LC on March 2nd, 2008 filed in Primera temporada, Uncategorized

Los gritos de Maggie

Maggie se echa en la cama y me pide que la acompañe. Está a punto de resfriarse y se siente mal. Se coloca una pijama, no precisamente cómoda para este horrible verano limeño, y se mete debajo de las colchas. Entre discretos quejidos y mocos que chorrean se entrega al sueño. Yo no quiero dormir y me muero de calor. Le comento amablemente que prenderé el ventilador en la mínima potencia y lo colocaré de manera indirecta, para que no sea una molestia. Parece que no me escucha o le da igual.

Prendo el ventilador y lo dirijo hacia cualquier lugar, menos hacia la cama. Regreso a acompañarla pero la temperatura me sigue agobiando. Me echo. Trato de no pensar en lo incómodo que pasaré la noche y cierro los ojos con fuerza para quedarme al fin dormido. Maggie se pega hacia mi lado, me abraza y me hace sentir más calor.

Al ratito, se da cuenta que he prendido el ventilador y empieza a quejarse malhumoradamente. Apago el aparato -ahora un poco malhumorado yo-, regreso a la cama y cierro mis ojos con más fuerza. Le explico que, así como ella tiene frío, yo tengo mucho calor, y que me parece injusto que no pueda soportar la mínima potencia del ventilador -que dirige el aire hacia cualquier lado menos hacia el nuestro- cuando ella se ha colocado casi una pijama de invierno y está utilizando todas las colchas como escudo contra el frío (que no existe).

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Carta a Yamil

Posted by LC on January 19th, 2008 filed in Primera temporada, Uncategorized

I love u

Yamil. Son las 6:13 am. Me he despertado, en realidad, hace un par de horas. Me he sentado frente a este PC que debe estar harta que la joda todo el día. He pensando en tí. Te he extrañado. He sentido que un malentendido ha arruinado nuestra amistad y por eso quiero escribirte, porque se que si lo hago a tu correo personal o al correo del canal no me responderás. Por eso lo hago aqui, donde estoy seguro es más probable que lo leas.

Te mando muchos cariños en tu cumpleaños. Aun recuerdo cuando nos juntábamos y planeábamos formas de cambiar el mundo. ¿Lo leiste? Te envié ese mensaje de texto el día de tu santo, harto que no respondieras el teléfono y terco, como siempre, con muchas ganas de verte, de abrazarte y de que aguantes todas mis tonterías (y de comer chifa cerca al canal también).

Me han contado que te estás encargando de la producción del programa de viajes. Debes estar viajando un montón. A mi me encantaría -si es que te parece- acompañarte en una de tus travesías y hacer algunas notas para mi página. No creo que haya problema. En el canal me tienen cierta estima, y sería una buena excusa para conversar largo y seguido al menos durante el trayecto (porque ya en la locación te dejaría trabajar tranquila, y te filmaría con mucho cariño mientras asistes al conductor con apellido de rey de la selva, pero con fama de pirata).

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